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Medidas veraniegas contra el desperdicio de alimentos

Por Mercedes García de Vinuesa, directora de la

desperdicio de alimentos

¿Sabías que un tercio de la comida producida es desperdiciada, siendo los hogares los responsables
de la mayor parte de los desechos?
Las cifras de la FAO lo confirman: el 61% del desperdicio alimentario proviene de nuestras casas,
seguido de la restauración (26%) y la distribución (13%).
Y si concretamos en la realidad de nuestro país, según los últimos datos disponibles del Ministerio de
Agricultura, Pesca y Alimentación, los hogares españoles desperdiciaron de media 70 kilos o litros de
alimentos y bebidas durante el año 2021.


Es decir, la friolera de un total de 1.245,86 millones de kilos o litros.
Si bien es cierto que no todos los hogares desperdician en la misma proporción, pues de hecho, un
26% de los mismos no desperdició ningún alimento.
Los productos sin elaborar siguen siendo los más desperdiciados con diferencia: un 74% de los
hogares españoles los desperdician. Se distinguen dos maneras de desperdiciar platos ya preparados:
desde la cazuela o el plato o desde la nevera. En ambos casos, la disminución del número de hogares
que desperdiciaron sobras de alimentos es notable. Hubo más de 700.000 hogares que dejaron de
desperdiciar desde la nevera (un 14% menos que en 2020), y 472.000 hogares menos que
desperdiciaron desde la cazuela o el plato (un 13% menos que en 2020).
Antes de desperdiciar cualquier alimento, párate un segundo a pensar ¿Qué tuvo que haber pasado
para que este alimento llegara desde el campo hasta mi casa? ¿cuánto trabajo y esfuerzo hubo?
¿Cómo podría evitar la próxima vez tener que tirar ningún alimento?


Algunos consejos para reducir el desperdicio de alimentos estas vacaciones:


1.- Compra de forma inteligente solo lo que necesites: planifica bien los menús semanales y haz una
lista de compras detalladas. Así además permite comprar las porciones justas y evita adquirir más de
lo que necesitamos. Antes de hacer la compra es recomendable revisar la despensa y el frigorífico
para entender que tiene y que necesita.


Y al guardar la compra, mueva los productos más viejos al frente y deje los más nuevos atrás, para
usar antes los de fecha de caducidad más corta.


2.- Aprende a distinguir entre fechas de caducidad y de consumo preferente: “Consumir
preferiblemente antes de” significa que el alimento conserva toda su calidad y propiedades
organolépticas óptimas hasta esa fecha, pero continúa siendo seguro para el consumo después de
esta. Sin embargo, la fecha de caducidad equivale a su vencimiento, es decir que después de esa
fecha consumir el alimento puede resultar inseguro. Pero siempre hay remedios caseros que nos
pueden ser útiles. Es el caso de los huevos y el sumergirlos en un recipiente con agua. En el caso de
que llegue al fondo del recipiente rápidamente, el huevo es perfectamente apto para el consumo. Si
lo hace más despacio tampoco habría problema. Solo en el caso de que el huevo flote deberíamos
evitar su consumo y tirarlo a la basura porque es un indicador de que está en mal estado.


3.- No discrimines por la estética, las verduras y frutas “feas” también son sabrosas y alimentan. Es
decir, ciertas imperfecciones no afectan la calidad, salubridad o el valor nutricional de los alimentos.
Si es una cuestión de que apareció moho, estas reglas generales pueden ayudarnos a saber qué
hacer.


Los alimentos duros deben ser seguros para consumir una vez que se retira la parte mohosa
junto con el área circundante. Esto incluye los quesos duros, las carnes curadas duras (como

el salami y el jamón) y las frutas y verduras firmes (como la col, los pimientos, las verduras de
raíz).


Los alimentos blandos deben desecharse una vez que comienzan a moldearse. Esto incluye
sobras cocidas, quesos blandos, yogures y otros productos lácteos, pan, mermeladas y frutas
y verduras blandas (como pepinos, melocotones, tomates, bayas, etc.). Esto se debe a que el
moho se puede extender en alimentos blandos y es posible que ni siquiera se perciba.

4.- Usa lo que tienes y si sobra, intenta reutilizarlo.
Previo a preparar una receta revisa sus ingredientes y procure incorporar aquellos que están prontos
a caducar. Evite preparar comida con ingredientes frescos cuando aún existen sobros en su
refrigerador. Aprenda a valorar las sobras de comida, podemos ser creativos y utilizarlas para
preparar platos nuevos.
5.- Si comes fuera, evita servirte en exceso y consume productos locales. Incluso si estás ante un
buffet libre y tienes la tentación de llenar el plato, piensa que es mejor servirse varias veces
porciones pequeñas, que dejar alimentos sin consumir en su plato. Si estás en un restaurante que
sirve porciones muy grandes puedes compartir con tus amigos o familiares.
Respecto al consumo de cercanía o kilómetro cero es porque cuantos menos eslabones tuvo que
recorrer ese alimento desde el campo hasta tu plato, menos posibilidades tiene de ser dañado/
rechazado en alguna de las etapas de las cadenas de suministro y distribución.
6.- Comparte o dona tus excedentes.
Si te vas mucho tiempo de vacaciones, y detectas excedentes alimentarios, invita a amigos a comer,
ofréceselo a tus vecinos o familiares o dónalo a tu banco de alimentos más cercano.

Al reducir el desperdicio de alimentos en los hogares, contribuimos también a recortar la cantidad
de alimentos desechados que acaban en vertederos, donde la comida se descompone y emite gases
de efecto invernadero que influyen en el cambio climático.

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