Educación, General, Naturaleza, Sociedad

Estamos ante una emergencia climática

Por Mercedes García de Vinuesa, directora de la

emergencia climática


Un reciente informe científico publicado en  Nature  cuantifica por primera vez los umbrales para
cada uno de los límites que no deberían sobrepasarse para que el sistema terrestre, nuestro
ecosistema global, sea seguro para la vida tal y como la conocemos hoy.


Siete de los ocho indicadores estudiados ya han sido sobrepasados total o parcialmente en áreas
extensas de la tierra.


Una de las aportaciones de este informe, es la introducción del valor de la justicia entre los
humanos, el resto de los seres vivos y las futuras generaciones.
Es decir, si bien los seres humanos somos parte del problema y la solución, tenemos que tener en
cuenta que no todos tienen la misma responsabilidad.
La mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero proceden del 10% más rico de la
población. Solo cinco países emiten casi el 60% de las emisiones de gases con efecto invernadero,
y solo veinte empresas multinacionales, el 35%. La justicia climática significa que quien tenga más
responsabilidad haga más esfuerzos.

No se puede cargar más sobre los que sufren las peores
consecuencias y tienen menos opciones para adaptarse. Más que nunca, necesitamos cuidar de
las personas más vulnerables y obligar a los que más pueden a hacer acciones transformadoras.

El Acuerdo de París de 2015 fijó en 1,5 grados el aumento máximo de la temperatura media global
para frenar el cambio climático. Los científicos estiman que la temperatura ya ha subido una
media de 1,2 grados y que, de seguir al ritmo actual alcanzaremos un incremento de 3 °C a final
de siglo.

emergencia climática

Hay que orientar urgentemente todo el sistema para dejar a cero las emisiones de carbono en el
2050.
Otros de los umbrales ya superados son los nutrientes extra aportados por los humanos a la
tierra. En particular, cuantifican el nitrógeno y el fósforo antropogénicos usados sobre todo en la
agricultura. Un exceso de estos elementos altera tanto el sustrato como el agua en un proceso
conocido como eutrofización. Lo ilustra muy bien casos como el del mar Menor en Murcia.
En cuanto a la contaminación atmosférica provocada por la emisión de partículas de origen no
natural (combustión de motores, calefacción y refrigeración, emisiones industriales…), el límite
aún está lejos de verse superado a escala global, pero sí lo ha hecho ya en diversas regiones del
planeta, como en el sudeste asiático.
Por tanto, tenemos que realizar cambios drásticos en nuestro sistema de producción, transporte,
consumo y forma de relacionarnos con el resto de seres vivos que habitan nuestro ecosistema.
Reflexionar sobre qué es realmente el bienestar, qué y cuánto necesitamos para sentirnos bien,
cuánto estamos dispuestos a dañar al resto de personas y de seres vivos para conseguir qué, y
llevar a cabo procesos sociales amplios a todas las escalas que permitan transformaciones
inclusivas y justas para atajar la crisis climática y de biodiversidad.

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